Lo mejor del mundo

jueves, 4 de abril de 2013

Trece!!! >0<
Hola ^^ jiji
esta historia esta escrita a propósito como continuación de la anterior, para que no quedaran tan cortas.
Perdón que se vea de esta forma, pero el internet se peleo conmigo.

¡Volviste! (1987)
Historia de Amelia
Se había levantado de mal humor. Le dolía tremendamente le cabeza y el estómago.
Al cambiarse, con esa ropa que usaba solo los fines de semana, salió de su habitación y caminó a paso pesado hasta la cocina. Se mantuvo sentada mirando un espejo que le había dado su tío a escondidas.
==-Yo siempre estoy junto a él. Si querés verlo solo tenes que prender la luz del espejo-==
Recordó las palabras que su tío. Aquellas que le dijo la noche anterior. Pero por alguna razón, que ella no entendía, no recordaba más de aquella noche. De repente alguien grande la abraza por atrás.
-No te di ese espejo, para que sufrieras tanto- Dijo una voz, la cual reconoció como la de su tío.
-No sufro tío, tranquilo. Solo… pienso- Exclamó ella.
Ben se sentó junto a ella, en una de esos banquillos altos para mesadas.
-Yo sé que debe hartarte que te repita mil veces que no puedes verlo y tal vez para tú edad mí razón no es la mejor, pero te pregunto algo- Mientras él hablaba ella lo miraba atenta-¿Sí tú, tuvieras que separar a hermanos, por qué lo harías?- Preguntó usando ese tono que no te permite mentir.
-Porque… sería si fuera un gran peligro- Dijo muy segura-Como la muerte- Agregó.
-Entonces ¿Por qué estás tan insistente con el tema de verlo?- Reformuló él.
-Yo no lo mataría, nada referido a esté ambiente- Dijo algo disgustada.
-En eso te equivocas y mucho. Te explico…- Respiro hondo y comenzó-No pueden verse sin correr el riesgo de que los una el lazo de amor-
-Pero- Interrumpió ella-Jamás me enamoraría de él-
-Eso no lo sabes, las probabilidades son altas. Después de todo está en tus genes- Aclaro él con muchísima paciencia. Se quedaron en silenció, él se levantó y comenzó con el desayuno.
-Pregunta y… eso ¿Qué tendría de malo?- Dijo una duda repentina.
Él sin mirarla comenzó a contestar.
-Dos cosas para ser más preciso, la primera, no podrían procrear generaciones, lo matarías en el acto- Ella sintió como su corazón se detenía y luego volvía a latir-Y segundo, hay alguien que no soportaría verte enamorada de otro y te lo digo por experiencia, es realmente horrible- Siguió con su cocina.
-¿Quién es, tío?- Preguntó más que curiosa y solo deseo que fuera Dorian.
-Ese es mi secreto, sí deseas saberlo deberás pensar mucho- Dijo riendo muy divertido.
Por un lado se aliviano porque por lo menos quedaría en duda, pero por el otro lado tenía unas ganas fuertísimas de saber.
Uno a uno fueron llegando. Luego Ben y Geni se marcharon, tenían que cuidar de Alex.
Amelia sentía como, la tentación, se la comía lentamente. Había estado todo el mediodía con los mellizos y aunque siempre se divertía, quería verlo, abrazarlo…
¿Y si se enamoraba? No importaba lo reprimiría, pero quería y lo quería desesperadamente.
Cuando ambos chicos se fueron a descansar, ella aprovechó para escapar.
Corrió lo más rápido que pudo hasta llegar a las fronteras del “Paraíso” y el “Abismo”. Como odiaba esos nombres.
Un bosque negro y muerto se extendía por lo menos veinte metros y en el había criaturas, que no importaba si eras de cualquier especie, ellas con solo tocarte desaparecería tú alma sin dejar rastros. Eran peores que los demonios, se los llamaba “Guardianes”.  
Comenzó a caminar can cautela para no llamar la atención de ninguno, hasta ella que había sido criada para no temer, se asustaba en aquel bosque. No hacía ningún ruido al caminar y todos los pasos los meditaba dos veces, pero al parecer no bastó porque una espacie de gigantesco puma se paró frente a ella.
-Tranquilo, solo quiero pasar- Dijo casi a punto de desmayarse.
-¡No!- Resonó un gritó en su interior.
-Por favor quiero ver a mi hermano- Suplicó casi de rodillas.
-¿Hermano?- El gran animal dudo por unos segundos, pero luego volvió a gritar:-¡No, por aquí no pasa nadie!-
-Está bien…- Comenzó a darse la vuelta, cuando de repente se escuchó un disparo. Ella se volteó rápidamente y vio al animal caer al piso-¡No!- Gritó instintivamente y corrió hacía él.
Sacó una enorme bala del estómago del “Guardián” e intento para la sangre.
-¡¿Qué haces?!- Gritó un hombre que se acercaba corriendo, al que Amelia no hiso caso.
Al llegar junto a ella la pateó para que se alejara del a puma.
-¿Qué le sucede?- Preguntó mirándolo con furia.
-Estos monstruos, no nos dejan pasear libremente entre los mundos- Contestó el hombre muy avivado.
-Es su trabajo. No puede matarlos es ilegal- Dijo enojada, pero sin gritar.
-¿A sí? ¿Y cuál sería mi pena almita tonta? ¿Sabes que soy un demonio?- Y mostró colmillos iguales a los de una vestía.
-Tú castigo, al herir a un “Guardián” en frente de un superior- Ondeó su cola para que la viera bien-Sería a muerte…- Grandes garras se asomaron de sus manos y con un rápido movimiento le arrancó de las manos el arma destrozándola, al señor que estaba atónito de la sorpresa.
Pero los planes de Amelia mejoraron ya que escucho que más “Guardianes” andaban cerca. Se despidió con una elegante reverencia, alzo al “Guardián” en sus hombros y se marchó corriendo.
Al salir del lugar la vestía comenzó a achicar su tamaño. La dejó en el piso asustada y vio cómo se iba convirtiendo en un adorable leoncito, sin melena, color celeste. Luego un par de alas le brotaron, pero aún estaba muy herido, así que volvió.
Cuando llego a su casa ya había anochecido y al entrar Geni muy preocupada gritó:
-¡Gracias que volviste, Amelia!- Pretendió abrazarla, pero freno en seco cuando vio el extraño animal que traía.
-¿Qué es eso?- Preguntó Ben.
Dorian y Ash estaban tan preocupados como ella, habían notado el disparo.
-Un “Guardián”- Dijo algo asustada por lo que le esperaba.
-¡¿Un qué?! ¡¿Qué hacías en el bosque prohibido, Amelia?!- Comenzó a gritar Geni.
Pero Dorian sujetó su mano y exclamó.
-Mamá después la regañas, ahora hay que curarlo- Miró a su padre-¿Puedes hacer algo?- Preguntó preocupado.
-No mucho jamás trabaje con animales, menos con…- Dudó.
-“Guardianes”- Dijeron Amelia y Dorian.
Ben rio y sujetó al animal.
Pasaron varios minutos antes de que Ben la dejara entrar a ver al leoncito. El cual ya estaba despierto y más que asustado.
-Tranquilo- dijo sonriendo, una vez que su tío se fue de la habitación. Notó, ella, que estaba arrinconado en el techo.
-¡No!- Nuevamente retumbo la voz del “Guardián” en su cabeza.
-Pero no te are daño vamos, baja- Dijo dulcemente.
-¡Pero no quiero que me devuelvas a ese bosque horrible!- Gritó muy asustado.
-Quedate conmigo entonces- Exclamó extendiendo sus manos.
-¿Podría?- Preguntó bajando despacio.
-Por supuesto y serías mío- Abrazó con delicadeza al “Guardián” cuando este se abalanzo en sus brazos.

-¿Y cómo le vas a poner?- Preguntó Geni al terminar de servirle la comida.
-No lo sé…- Miró a Dorian-¿Cómo se llama?- Indagó.
-Am… no sé, pero tendría que ser algo con P- Se quedaron pensativos por unos minutos.
Ash vio de manera extraña el puré de papas que comía y exclamó riendo:
-Puré, puré-
Amelia y Dorian se miraron e inmediatamente dijeron:
-Pore- Y todos rieron por su sincronización.
-Me gusta mi nombre Amelia- Dijo el pequeño tirando de su camisa.
-Me alegra, Pore- Y sonrió.

Espero que te aya gustado. Mañana: "Alexander Shains"
Te amo!!!!!!!!!!!!!
Mio ^^

miércoles, 3 de abril de 2013

CATORCEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

la de hoy es muy cortita, pero me gusto. Esta parejita me gusto mucho...
Al final no es ni de Amelia, ni de Alex. Es de Dorian, uno de los hijos de Geni.
Espero que te guste aunque sea corta.


Te veo (1987)
Historia de Dorian
La veía de una forma que no podía explicar. Había crecido y sus sentimientos lo acompañaron.
Era tarde y se había levantado para buscar agua. Cuando llegó a la cocina la vio. Estaba sentada y parecía muy triste.
-¿Amelia, estas bien?- Dijo al acercarse.
-No mucho- Era muy sincera. Era lo que más le gustaba de ella.
-Pensás en tú hermano ¿No?- Exclamó al notar que tenía la cadena en la mano.
-Sí, pero no es solo eso Dorian- Y lo mira, de una forma extraña por que no era ni felicidad, ni tristeza.
-¿Qué pasa, Amelia?- Preguntó preocupado. Se sentó junto a ella.
-Alex- Lo miró. Era la primera vez que ella tardaba tanto en decirle algo.
-Amelia ¿Qué pasa?- Se desespera.
Ella vacilo, mirando el collar.
-Alex… está en el cielo, Dorian- Dijo largándose a llorar.
-¿Se murió?- Preguntó atónito.
-Sí, hace un año ya el tío Ben me lo conto- Contestó desconsolada. Él la abrasó.
-¿Papá?- Se preguntó a sí mismo.
-Dijeron que lo están cuidando mucho- Admitió.
-Me imagino, que lo que te tiene tan triste, es que no te van a dejar verlo- Dijo él.
Ella asintió y no dijeron más nada.
Al momento de irse a acostar ella lo llamo:
-Dorian- Él se volteó. Corrió hacía él y lo besó-Considéralo como un gracias- Y sonrió.
-¿Por qué?- Preguntó atónito.
-Por todo, siempre fuiste muy bueno conmigo. Además sos él mejor del mundo- Y corrió a su habitación.
Lentamente caminó hacía su cuarto. No podía creerlo, pero debía tomarlo como lo que era. Esto no significaría nada, eso pensó él.

Mañana: ¡Volviste!
Esta historia es de Amelia.
Te a.m.o M.U.C.H.O!!!
Mio

martes, 2 de abril de 2013

15!!! :3

La historia de hoy es muy triste :´(
Me acelero el corazón escribirla y hice que todos la leyeran (Menos mi mamá). LES GUSTO!!!!!
Así que espero que te guste y provoque todo lo que provoco en todos.
Disfrútala.


Era más que un Humano (1986)
Historia de Alexander
Hacía unos meses había comenzado a buscar a sus padres. Se las había arreglado para escapar del orfanato y buscarlos.
Había trabajado mucho y por fin lo pudo conseguir. Volvió corriendo al orfanato, quería que Sam se enterara.
Entró en el patio del orfanato de una forma que nadie podría explicar, pasó por los arbustos con una rapidez que nadie alcanzaría y luego entro en la habitación de Sam. Estaba despierta, como siempre jamás era muy tarde para ella.
-Estas todo sucio, mi lord- Dijo ella al verlo atravesar la pared de su cuarto.
-Lo sé, tuve que escabullirme entre los arbustos y…- Alex noto que estaba sola-¿Y sus compañeras?- Preguntó.
-Las adoptaron esta tarde, cuando vine a acostarme se estaban yendo- Contestó algo triste.
-No esté triste- Se sentó frente a ella y acarició su cabello. Ella se acercó y lo besó.
-Báñate conmigo- Dijo sonriéndole, apenas alejándose de él.
-Tenemos 13 años- Exclamó sintiéndose algo raro.
-Solo te pido que nos bañemos, nada más- Suplicó acariciando su pecho.
-No… creo que sería mejor esperar- Dijo dudando, sabía que ella tenía muchas ganas de esto, pero acaso era correcto.
-Bueno- Exclamó parándose-De todas formas debes bañarte, así que entra al baño- Lo tomó de la mano y lo metió al baño. Cuando estaba a punto de cerrar la puerta Alex tomó su muñeca.
-Nos… bañemos juntos- Dijo dudando. Era niños y su cuerpo no tenía esa edad como para comportarse de tal forma, pero si eso la hacía feliz hacía difícil el negarse.
Ella solo lo miró sorprendida y al mismo tiempo feliz. Tal vez se arrepentiría luego porque ella sabía lo mal que estaba para chicos de su edad hacer esas cosas. En su mente eran mucho más grandes, su vida les había enseñado a crecer tanto. Ambos eran más inteligentes que nadie y se aburrían en el colegio ya que muchas de las cosas ya las sabían. La vida se las había enseñado.
Unos minutos después ya estaban adentro de la bañera. Sam se había sentado entre las piernas de Alex, porque les daba vergüenza verse, pero no sentirse. De todas formas lo veían como un simple juego y no lo veían como nada más.
-¿Encontraste a tus padres?- Preguntó algo preocupada.
-Sí, mañana después del colegio iré- Contestó feliz.
-¿Puedo ir contigo?- Exclamó pensativa, intuía la respuesta, pero de todas formas quería preguntar.
-Es… muy peligroso. Prefiero que se quede aquí- Contestó sintiéndose un poco mal consigo mismo.
Se quedaron unos segundos en silenció, luego Sam habló.
-Quiero tener dos hijos, sabes- Y rio un poco.
-¿Ya está pensando en ese tipo de cosas?- Preguntó extrañado.
-Obvio, quiero ser una madre joven. Como mi madre- Dijo contenta.
-Pero es demasiado joven- Exclamó usando ese tono formal que había adquirido hace poco, le gustaba tratarla como una reina, era su reina.
-No me importa, quiero saber para poder estar lista- Y chapoteó suavemente con sus piernas- Les pondría Trevor y Leila- Dijo tiernamente, sonriendo de una forma muy angelical.
-Me parecen nombres muy lindos- Él también sonrió.
-¿Cuántos hijos quieres, mi Lord?- Preguntó mirando la nada.
-No estoy seguro, Jamás me había puesto a pensarlo, soy… un niño solamente- Contestó dudoso.
-Bueno, pero en un caso hipotético- Dijo mirándolo. Él se quedó pensativo por unos minutos, luego exclamó:
-Tendría una hija a la que llamaría Charlotte- Ella volvió a apoyarse sobre el hombro de Alex, mirando hacía la pared del frente.
-Entonces… ¿Crees que estaría bien tener tres?- Preguntó sería.
-Sí me parece bien- Dijo feliz. Estaba en contra de acelerar su crecimiento, pero no podía contra decirla, además qué tan malo sería tener hijos.
-Trevor sería el más grande, cuidaría mejor a sus hermanas. Leila la del medio y Charlotte la más chica- Exclamó muy dichosa.
Esa noche durmieron juntos. Apenas salió el sol Alex despertó, con mucho cuidado se fue de la habitación. Corrió a su cuarto y se cambió, con el uniforme del colegio.
Salió al jardín y recordó todo lo que había sucedido esa noche. Se sentó en las hamacas. Ella quería formar una vida junto a él, tanto les había pegado el mundo, que ahora estaban desesperados por formar algo nuevo. Amaba pensar en todo lo que había vivido, lo poco que recordaba.
Cerró los ojos y se obligó a recordar, pero era en vanó recordaba siempre lo mismo. Las voces de los chicos lo hicieron entrar.
Luego de desayunar los llevaron hasta el gran edificio donde todos tenían clases. Las horas se hicieron pesadas, pero ambos se las ingeniaron para pasar el tiempo más rápido.
Al salir junto con todos, Alex le entregó su bolso a Sam.
-Tene cuidado, mi Lord- Dijo algo llorosa. Alex la abrazó.
Al separarse la tomó de los hombros y la miró a los ojos.
-Te lo prometo. Volveré como siempre- Dijo muy  seguro.
-Pero volves temprano que hoy es san valentín- Dijo sonriendo para disimular su preocupación. Él la besó
-Te amo- Exclamó al separarse de ella.
Se fue corriendo lo más rápido que pudo, dejándola atónita.
-Yo también- Susurró luego de unos minutos a la nada, llorando de felicidad.
-Vamos, Sam. Lo veras esta noche- Dijo Bernard al tomarla de la mano.
¿Qué estaba haciendo? Pensó. Tendría que olvidar a las personas que lo habían abandonado. Recordaba muy bien esa noche, pero no podía perdonarlos. Tal vez los buscaba para recriminarles todo o porque quería saber la razón. Se concentró debía correr mucho estaba demasiado lejos.

Se detuvo frente a la casa, era de noche y hacía muchísimo frio, pero de la nada sintió aire caliente que provenía de su izquierda. Se volteó asustado y vio fuego, uno muy fuerte. Su poca curiosidad lo convenció, así que corrió hacía el lugar.
Cuando llegó pudo ver a sus padres atados de manos a altos troncos. Había tanta gente alrededor, furiosa. Se acercó más a ellos.
-¡¿Qué son?!- Gritó un hombre furioso.
-Demonios- Dijo rendido su padre. Lo recordaba un poco.
Alex se volteó hacía una señora.
-¿Qué sucede?- Preguntó indiferente. Tal vez deseaba esto.
-Esta pareja ha realizado muchos estragos en la ciudad- Contestó furiosa.
Él se preguntó porque los quemarían si eso ya no estaba permitido. Se desesperó y recordó las palabras de su padre: “Demonios”.
Él también lo era. Los miró paralizados, su corazón latía muy fuerte, le dolía muchísimo. El mundo a su alrededor se detuvo, miró a su padres. Tuvo el impulso de salvarlos cuando las llamas comenzaron a arder, pero no pudo moverse. Se desesperó. Lagrimas brotaron de sus ojos y quiso gritar para que detuvieran todo, pero recordó a Sam.
¿Y si lo mataban a él también? Debía volver con ella ahora, era muy tarde. Notó que su madre le sonrió y despertó de aquel trance extraño.
-Vete- Leyó en sus labios. Corrió lo más fuerte que pudo, se detuvo a unos metros y escucho que su padre gritaba:
-¡Mientras él viva yo jamás moriré!-
Y siguió corriendo sin mirar atrás, le dolía tanto. Ahora era huérfano, era como todos los demás, como Sam.
Una luz lo segó.
-Sam- Fue su palabra final antes de caer al asfalto.

Es muy triste!!!
Mañana: "Te Veo"
Esta historia no estoy muy segura de quien va a ser... Pero que se me ocurra algo ^^
Te amo mucho!!
Mio

lunes, 1 de abril de 2013

16 falta la mitad!!

La historia de hoy habla un poco de como Alex se reencuentra con sus antiguos amigos, pero como esta escrito a base de la mente de Alex vas a notar que no le da tanta importancia a su entorno y se concentra en los momentos donde esta con Sam, pido que lo comprendan por como fue su vida.
Espero que te guste.


El Rencuentro (1985)
Historia de Alex
Pasaba tanto tiempo con ella que se había olvidado del mundo. Ese mundo que compartía con su compañero Joshua.
Pero todo se había esfumado con solo un beso, que recordaba con detalle…
-¡Alex!- Gritó ella sacándolo de su mundo individual.
-Hola, bonita- Dijo sonriéndole cuando se sentó junto a él-Otra vez te quedaste dormida- Reprochó riendo.
-Sí, ayer me acosté muy tarde… Trabajo en algo- Dijo buscando su desayuno era viernes, pero se había acostumbrado a que él lo buscara ya que se levantaba antes que nadie o tal vez no dormía. Pero eso ella no lo sabía.
-¿En qué?- Preguntó sonriendo de manera picara.
-Algo… ¿Tienes mí desayuno?- Lo cuestionó ya que solo vio una bandeja.
-¿Qué? Ah no hoy vamos a compartir- Dijo muy serio dándole una de sus medialunas.
-No, yo quiero las mías, anda búscame otras por favor- Se colgó de él como una niña. La niña que solo fue con su padre.
-Lo siento, pero llegaste muy tarde y ya serraron la cocina- Dijo jugando con su nariz.
-Te tengo una sorpresa, te la muestro después de que desayunemos- Dijo muy sonrojada, luego lo besó.
-Gracias por contarme- Agradeció feliz-Toma. Jamás podría quitarte la mitad de tú desayuno favorito- Y da la silla que tenía al lado con un equilibrio impecable saca la bandeja con el desayuno de ella.
Ambos rieron. Terminaron de desayunar y se sentaron en aquellas hamacas en las que se habían besado.
-Recuerdo ese día- Exclama ella contenta-El día que nos dimos un beso- Dijo al amacharse.
-Mejor dicho cuando me obligaste- Ríe él. Ella lo miró molesta y lo empujó un poco. Su hamaca se tambaleó.
Entonces fue cuando los identificó entre los demás chicos, eran aquellos niños con los que compartió su infancia, esos niños que tenían un padre de temer.
¿Qué hacían en un lugar como ese? Se preguntó mil veces. Los siguió con la mirada hasta que desaparecieron entre la gente. De repente ella hablo.
-¿Viste un fantasma?- Preguntó entre risitas.
-Tal vez- Dijo sorprendido y la sujetó de la mano-Sígueme creo que debes conocer a alguien- y comenzó a seguirlos. Tal vez solo fue su imaginación, pero debía verificarlo, lo necesitaba.
El preguntarles como estaba o decirles por que se había tenido que ir sin explicar nada. Saber el por qué de todas sus razones del en ese instante estar en un orfanato tan complicado de acceder como ese.
Corrieron bastante hasta que por fin los vio. Estaban en la recepción recibiendo unas cartas. Ellos se acercaron y Alex dijo:
-¿Ustedes son Bernard y Frederick?- Los chicos lo reconocieron ya que lo abrazaron casi al borde del llanto.
-Alex eres tú, pesábamos que nunca más te volveríamos a ver- Dijo Bernard, que era el que más hablaba.
Sam que poco entendía le preguntó a Alex quienes eran.
-El es Bernard y el Frederick fuimos muy bueno amigos en la infancia- Respondió feliz.
-Mucho gusto soy Samanta…- Comenzó a presentarse, pero Alex la interrumpió.
-Ella es mi novia- Dijo sonriendo.
Todo marcho muy bien, aquellos niños no pedían explicación y Alex supuso que jamás lo culparon a él…
-¿Cómo llegaron aquí?- Preguntó Alex muy intrigado.
-Nuestra madre nos trajo desde Alemania- Contestó Bernard.
-Nos alejó de nuestro padre en cuanto se enteró de lo que nos hacía- Dijo tímido Frederick.
Se quedaron en silenció, Sam no entendía nada, pero sabía que Alex se lo explicaría. Esa noche cuando los hermanos se fueron a dormir, Alex tomo a Sam de la muñeca y lentamente la llevo hasta las hamacas. Una vez sentados él habló.
-Cuando estaba con mis padres vivía viajando de país en país- Respiró hondo-Hubo un tiempo en el que vivimos en Alemania, ahí los conocí…- Había pensado en decirle todas esas cosa que no podía compartir con nadie y siempre se había preguntado por qué no tenía las palabras para decirlo, pero ahora lo sabía. No quería que ella sufriera con él la quería ver sonreír, pero ya era tarde ahora tenía que decírselo-Solía ir muy seguido a la casa de ellos y era todo…- Busco las exactas palabras-Muy normal, hasta que una tarde su padre nos encerró a los tres y nos lastimo, muy feo- Miró sus manos-¿Te acurdas que me preguntaste por qué mis manos estaban tan lastimadas?-
Ella asintió y no lo dejó seguir notó que le dolía. No le servía de nada lastimarlo para saber algo.
Se quedaron viendo las estrellas por unos minutos, entonces Sam cayó en algo muy importante.
-¿Soy tú novia?- Preguntó sonriéndole feliz.
Él la miró extrañado ya que eso había sido hace más de un mes.
-¿A qué viene eso Sam?- Rio un poco.
-Nada, es solo que lo tome tan natural que no me di cuenta, pero en realidad jamás me lo dijiste- Dijo bastante sería. Alex tomo su mano, la besó y con una voz muy formal exclamó:
-Querida Sam ¿Me haría el gran honor de ser mí novia?- Y la miró con ojos penetrantes. Ojos con los que ella no podía luchar, ni fingir, ni siquiera tomarse las cosas como un chiste.
Así que sin poder reírse al abrazarlo fuertemente dijo que sí.

Para mañana tengo una historia bastante triste: "Era más que un Humano"
Te amo mi reina!!
Mio

Diecisiete!

Perdón por saltearme un día tuve problemas con Internet.


Un Corazón (1984)
Historia de Dorian
La quería más que como una hermana, estaba feliz de que no fuera su pariente. Quería regalarle algo, pronto sería su cumpleaños, tenía que darle algo muy especial.
Miles de cosa se le habían ocurrido, pero ninguno la convencía. Aunque un día caminando por el inmenso jardín Ash le contó a su hermano que ella tenía un collar que adoraba que no tenía dije.
Y lo había decidido entonces, armaría un dije para el collar de su querida Amelia.
Adoraba armar cosas, sobre todo aquellas cajas chinas que una vez su madre le trajo de la tierra.
-Dorian…- Dijo el niños que lo miraba atento, desde su cómodo lugar junto a su hermano.
-¿Qué pasa Ashi?- Preguntó concentrado en sus planos.
-¿El regalo puede ser de parte de los dos?- Exclamó analizando los dibujos.
-Claro…- Afirmó feliz. Quiso decir una condición, pero Ash se le adelantó.
-Te ayudo en lo que quieras- Dijo sonriéndole.
Una vez estuvo terminado el plano comenzaba el desafió de armarlo.
Encontrar las piezas sin que nadie lo notara iba a ser el trabajo de Ash, pero que tan fácil se le haría sabiendo que Amelia era muy curiosa.

-¡Lo primero en la lista es oro!- Gritó muy tranquilo, a una pila de “basura”, ya que era muy fácil de encontrar.
-¡Lo encontré!- Exclamó en un grito Ash levantando un hermoso cáliz con rubíes.
-¡Es perfecto, tíralo!- Le gustaban los rubíes, el rojo le gustaba mucho a ella.
Al ver que el cáliz se aproximaba a él lo sujetó. Lo puso dentro de un carrito rojo.
-¡¿Qué sigue hermano?!- Preguntó a gritos Ash.
Rápidamente revisó la lista y dijo:
-¡Madera, pero solo un poco!-
Ash asintió y se metió entre la pila de “basura”. Al rato salió volando un pequeño pedazo de madera muy bonito. Que por supuesto Dorian atrapó y guardo en el carrito.
Así siguieron por un rato hasta que tuvieron todo lo que necesitaban, luego volvieron por el pueblo.
-Dorian…- Dijo Ash quien iba tirando del carrito, el cual estaba más que lleno.
-¿Sí, Ash?- Preguntó revisando por vez numero mil la lista de objetos.
-¿Por qué le quieres hacer algo tan complicado?- Dijo ladeando la cabeza mientras caminaba dando zancadas chistosas.
-Porque es divertido superarme, además este dije la representaría- Explicó Dorian.
-Que lindo- Exclamó feliz.
-¿Qué es lindo?- Preguntó sorprendido Dorian.
-Que seas tan tú- Y sonrió muy contento, como era siempre.
Ash comenzó a tararear una canción que su mamá le había enseñado. Continuaron caminando hasta su casa. Cuando llegaron corrieron hacía el galpón donde Dorian creaba.
-Me alcanzas el plano- Dijo Dorian señalando la mesa donde estaban las hojas.
-Sí- rio a carcajadas.
Tiró todo sobre la mesa principal y comenzó a desarmar todos los objetos que habían encontrado.
-Tom…a- Dijo dulcemente dándole las hojas.
-Gracias- Y le sonrió.
Pasaron las semanas, solo quedaban dos días y el dije ya estaba casi listo. Era de noche y estaban cenando.
-Dorian- Preguntó su madre. Él la miró con fideos en la boca.
Ella prestó mucha atención a todas las palabras.
-¿En qué tanto trabajan ustedes dos?- Preguntó su padre, aunque ya lo sabía no era tonto.
-En muchas cosas, papi. No sabes, hemos hecho mucho y ahora solo nos falta muy poco para terminar- Dijo contento y canturreando ya que Dorian al no saber que decir se había llenado más la boca.
Nadie entendió nada, excepto Ben. Nadie preguntó más nada porque sabían que Ash no diría más.
Ya era el día y los hermanos saltaron de la cama. Corrieron a toda velocidad hasta la habitación de Amelia. Entraron de golpe y saltaron sobre su cama.
-¡Feliz cumpleaños!- Al gritar ella se sentó sobresaltada.
-Están locos- Dijo riendo.
Toda la tarde estuvo llena de juegos y diversión. Geni y Ben se encargaron de que ella la pasara lo mejor posible. A la noche cerca del gran laberinto Amelia se sentó a observar aquellos fuegos artificiales que tiraba sin falta para su cumpleaños.
-Ame- Dijo Dorian sentándose junto a ella-¿Pensando en Alex?- Preguntó al notar que lloraba.
-Un poco- Dijo secando sus lágrimas-Tranquilo no me hagas caso- Exclamó riendo para poder disimular su dolor.
-Vengo a calmar tus lágrimas. Toma es tú regalo- Y le entregó el dije el cual era un corazón tallado con un corazón más pequeño hecho con un rubí.
-Es hermoso ¿En esto trabajaron tanto?- Ella no podía estar más feliz-Pero ¿Cómo supiste de mí cadena?- Preguntó sorprendida entregándole la cadena que siempre llevaba en su bolcillo.
-No sé. Tengo informantes- Contestó riendo mientras tomaba la cadena y el dije.
-Fue Ash- Afirmó sonriendo.
Él introdujo el dije por la cadena y le pidió que se volteara.
-Eso no lo sabrás. Levántate el pelo, por favor- Ella hiso lo que le pidió.
Al colocárselo ella lo miró.
-Gracias- Lo miró y le sonrió.
Sus miradas se entrelazaron y comenzaron a acercarse, pero…
-¿Le dijiste que era de parte de ambos?- La pregunta de Ash los obligo a retroceder. Ambos rieron y se sonrojaron al darse cuenta en lo que estaba por hacer.
-Sí, se lo dije Ash- Y todos rieron.
Lo que a Dorian le sorprendió fue que Amelia no notara que el dije era como una pequeña caja china que tenía escrito un gran secreto. Que prometió no decir hasta que ella lo leyera. 

Pido disculpas. Espero que lo hayas disfrutado.
Te amo mucho!!
Mio

domingo, 31 de marzo de 2013

Dieciocho, dieciocho, DIECIOCHO!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Esta historia me gusta!!!


Amarillos como el sol (Diciembre de 1983)
Historia de Samanta
Había visto al pasar varias veces a un chico con los ojos tan amarillos como el sol podía serlo, sus cabellos eran negros y tenía una sonrisa oculta en la comisura del labio. Ella lo notaba, a ella le encantaba lo misterioso de aquel chico que nunca sonreía para los demás solo para él mismo y para ella que lo notaba.
Estaban cerca de navidad y como organizaban una fiesta para todos esa sería su oportunidad para hablarle.
 Para su edad era extraño que un chico le atraviese de esa forma, sobre todo alguien como él. Según sus compañeras de cuarto los chicos eran tontos, pero luego se contradecían al fijarse en Joshua. El chico más arrogante, tonto y malo de todos. Sam era rara según sus mismos ojos y por ende sentía una atracción enorme hacía lo desconocido maravilloso. Cada vez que lo veía, su vida pasaba frente de sus ojos tenía esa sensación de desfallecer, pero luego alguien la distraía y volvía a esa realidad horrible en las que sus tías la habían puesto.
Era de mañana y todos se dirigían al comedor para desayunar.
Sam corría entre la gente, era viernes eso significaba que servían la comida preferida de ella, chocolate caliente y medialunas con almíbar. Quería llegar a las primeras, las calientes.
Estaba a punto de llegar cuando chocó contra alguien.
-Lo siento tanto por favor perdóneme- Dijo apresurada y se fue sin escuchar realmente quería desayunar.
-No hay problema- Dijo a la nada, el chico, con una voz sería.
Con la felicidad de haber llegado a las medialunas calientes y al chocolate más espeso, se sentó en una mesa alejada del resto, pero cerca de la ventana que tenía la mejor vista. Era la primera vez que podía sentarse en ese lugar, dormía tanto que nunca llegaba a los mejores lugares.
Mientras disfrutaba su desayuno escuchó una voz ajena a sus pensamientos, pero no se molestó en levantar la vista para verlo.
-Disculpe- Sam lo comparo con la voz de una muerto-¿Puedo sentarme con usted?- Maldijo en su interior quería estar sola. Tal vez si fuera ese chico, solo tal vez en esas circunstancias se llenaría de alegría.
-Adelante- Dijo sin mirarlo, si no lo hacía tal vez podía olvidar su presencia. Sí no hablaba, pero no parecía ser un chico hablador.
-Gracias- Esa fueron sus últimas palabras porque una vez se sentó no hablaron más.
Él termino mucho antes, al hacerlo se fue.
La semana fue una locura, cosa que no hacía feliz a Sam. El tema de navidad siempre era una locura todos estaba locos preparando el lugar, las chicas cosían sus vestidos con las telas que traían las monjas, los chicos buscaba su traje entre la ropa de caridad.
Y Sam solo se dedicó a preparar el momento en que le hablaría, pero no quería arreglarse de ninguna forma en especial. Eso sí quería saber exactamente que diría.
El viernes otra vez corrió para poder llagar a sus medialunas. Cuando por fin las tuvo observo el lugar quería encontrarlo y hablar con él, pero no lo vio.
Pudo volver a sentarse en ese lugar tan lindo cerca de la ventana, pero extrañamente aquel chico no apareció.
Era ya la noche y no había podido encontrar a ese tan lindo chico de pelo azabache y ojos amarillos. Frustrada consigo misma salió al patio excluyéndose de las personas que no le importaban.
Se sentó en los columpios y miro la luna que estaba tan hermosa como la última noche que sus padres le dijeron algo. Escuchó pasos, pero no se molestó en preguntar, aunque esa voz de la otra vez si lo hiso.
-¿Puedo sentarme junto a ti?- Le disgustaba esa voz ¿Por qué era esa voz y no otra? ¿Tanto le costaba a dios mandarle a su chico ideal?
-Adelante- No pudo ocultar su enojo.
Oyó como se sentaba, suspiró. Él volvió a hablar.
-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó con esa voz tan peculiarmente seria.
-Samanta…- Lo dudo no quería saberlo, pero le había enseñado a ser cortes-¿El tuyo?- Dijo al fin con mala gana.
-Alex…- Pensó por unos minutos-Alexander- Exclamó finalmente. Fue cuando ella notó en su voz algo de nervios.
No puede ser cierto, pensó. Era una broma jugada por los dioses.
-¿Por qué no estás en la fiesta?- Preguntó, más por decir indirectamente que se fuera, que por que realmente quería saber.
-Te… buscaba- Contestó. La cara de Sam se desfiguró.
Lo miró porque pretendía deshacerse de él.
-¿Qué…?- Quiso hablar, pero al verlo mejor quiso llorar y pedir disculpas un millón de veces. Sin notarlo de quedo boquiabierta, era él. El chico de ojos amarillos.
-¿Estas bien?-Preguntó asustado.
Se quedó mirándolo por unos segundos, las damas de blanco estaban frente a sus ojos. Estaba tan feliz, volvió a escucharlo y dijo:
-Perdón. Yo también te buscaba- Confesó sin poder retenerse.
-¿Y… por qué me buscabas?- Preguntó feliz y ella sintió ver que sonreía.
-Porque… quería decirte que me… acompañaras esta noche- Su voz temblaba.
-¿Entonces estas contenta?- Se acercó a ella sin pensarlo.
-Sí, mucho- Al notar que cada vez se acercaba más suplicó, aunque no era necesario-Bésame Alex-
Y para ambos fue su primer beso, ya que él no lo pensó dos veces.

Espero que te allá gustado.
Mañana: "Un Corazón"
Te amo mucho!!!
Mio